Mi foto con Gabriel García Márquez

La oportunidad de conocer al Gabo en la inauguración del Festival Internacional Del Nuevo Cine Latinoamericano año 1994 en La Habana-Cuba
Por:
Aurelina Romero Fuentes

Mi vida signada por el Gabo: me llamaron Aurelina como sus Aurelianos, soy periodista de Venezuela nacida 11 días después de la publicación de Cien años de soledad y me encontraba por casualidad en Bogotá cuando él falleció. En un sentido personal quise escribir un homenaje ya que por casualidad me pude reencontrar con él en su tierra natal llegando a Colombia justamente el día que partió físicamente, permitiéndome vivir como el mundo entero –y con cada colombiano que lo lloró– su partida.

Aunque no me dediqué a ser escritora, me he desarrollado bajo la inspiración del Gabo. Sus enseñanzas me han dejado tanto: sospechar de todo, hasta de mi sombra; ser realista con gracia y humor; permearme de lo social, simbiosis con mi vocación; mantener los ojos siempre abiertos, observar, atender y escuchar antes de hablar; y equivocarme, equivocarme mucho en la búsqueda de lo real. Es decir, me permitió desarrollar el humanismo, la admiración a lo sencillo, a lo diminuto. Y es que el creador de Macondo muere un Jueves Santo como tal vez el destino lo quiso igual que su Úrsula Iguarán, mujer fuerte que saca adelante a su familia y muere a una edad muy avanzada, entre los 115 y los 122 años.

Agradezco al Centro Gabo por velar por el legado de este maestro de periodistas que fue García Márquez. La foto que anexo fue tomada en el año 1994 en la inauguración del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en Cuba, siendo Gabriel García Márquez el invitado especial. Era en el Teatro Nacional, el maestro esperaba solo, sentado en la primera fila. La inauguración estaba atrasada porque esperábamos a Bernardo Bertolucci que debía ser su compañero, pero tuvo un retraso a causa de la falla de una línea aérea venezolana, VIASA. Todo eso lo recuerdo como ayer, el Gabo se encontraba ahí solo como esperándome. Alguien me dijo “no te le acerques, es malhumorado”, pero yo me dije “claro que no, lo saludaré”. Así que llegué y me presenté. Le dije: “Hola me llamo Aurelina como tus Aurelianos”. Él se sonrió y me preguntó cuál era mi historia y yo le respondí que mi mamá, una maestra de escuela, me había puesto así por su maravillosa novela Cien Años de Soledad. Sonrió y nos tomamos la foto, más aun cuando le dije que era periodista y cuando le dije que era venezolana. Me dijo: “Por ustedes es el retraso”. Volvimos a reír. Fue un momento maravilloso e inolvidable.

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