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Cómo una cadena de mentiras por WhatsApp causó la muerte de un joven

El linchamiento de una persona en Bogotá por una 'cadena' de WhatsApp se debió a una serie de mentiras y malentendidos.

José Luis Peñarredonda

Se dijo que era venezolano. Que la policía lo había capturado por intentar robarse un niño y que estaba con sus cómplices cuando lo lincharon. Pero la turba que lo linchó a gritos de “¡mátenlo!” el pasado 26 de octubre, en un barrio de la localidad bogotana de Ciudad Bolívar, tenía la información incorrecta.

Como reportó el diario El Tiempo luego de ver los informes de la investigación de la Fiscalía y la Policía sobre este caso, Maikel Eduardo Mares Mabello nació en Santa Rosa, un pueblo del departamento de Bolívar. Sus padres migraron a Venezuela en su infancia, donde creció.

Mares decidió emigrar, como millones de personas residentes en ese país, en busca de una salida a la precariedad económica. Fue a dar al barrio Divino Niño, en el sur de Bogotá; otro vecindario como tantos, hecho de casas de bloque desnudo apiñadas en la falda de una montaña. Vendía hamburguesas en una esquina en el sur de la ciudad. El periódico dice que tenía una hija.

El linchamiento comenzó luego de que un vecino denunció a la Policía que una persona de acento venezolano que estaba bajo el efecto de las drogas intentó raptarle a su hija. Los agentes llegaron y se llevaron al sospechoso a un CAI (una pequeña estación de barrio). El denunciante le tomó una foto, la publicó en sus redes sociales y sus grupos de WhatsApp. Alguien la imprimió y la pegó en los postes del barrio. “Robaniños venezolano”, decían los avisos.

Dice El Tiempo que cuando los amigos del venezolano fueron a reclamar, comenzó el linchamiento. Una turba de al menos 100 personas, armada con machetes, paraguas, palos y cuchillos, fue a la cuadra donde vivía Mares junto con otros migrantes. Algunos se metieron a su casa, le pusieron un cuchillo a una mujer en la garganta frente a la niña y se robaron lo que encontraron. La gente también agredió a los agentes de policía que llegaron a protegerlos. Otros venezolanos lograron huir, aunque están hospitalizados. Mares no: era discapacitado. Murió camino al hospital.

Luego, el acusado de raptar a la niña en el episodio que comenzó todo dijo que no conocía a Mares. El denunciante, luego aseguró que no tenía claro si el hombre drogado quería robarse a su hija o solo asustarlos: por eso no lo denunció ante las autoridades.

Por eso la Policía ha dicho, desde el mismo día en el que ocurrieron los hechos, que no hay denuncias creíbles de robo de niños. Porque en este caso no las hubo, pero algunas personas no lo creen. Alguien que publicó en su perfil de Facebook la foto del supuesto ladrón de niños luego compartió un informe periodístico donde la Policía negaba los reportes, y escribió: “esa mierda de autoridad lo desmiente todo tal vez ellos llevan parte en todo esto al encubrir todo” (sic).

Noticias Uno aseguró el domingo siguiente que se trataba de un caso de xenofobia. Puede ser: ese ha sido un factor en los casos similares que han sucedido en India. También puede ser que las denuncias de robo de niños activen la psicología de la gente de maneras perversas: el mismo fin de semana del asesinato de Mares sucedieron casos similares en Santa Marta y Medellín, como reportó RCN Radio. En uno de ellos se trataba de una sospechosa, y en otro la Policía negó que hubiera denuncias. Hasta donde se ha reportado, ninguna de las víctimas falleció.

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