Archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center
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La soledad en 9 frases de Gabriel García Márquez

Nueve reflexiones del escritor colombiano en torno a la soledad y sus formas.

Créditos: 
Foto archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center
Redacción Centro Gabo

El 14 de noviembre de 1970, en una entrevista concedida a la revista Triunfo, Gabriel García Márquez afirmó que toda su obra escrita hasta ese momento podría considerarse un gran libro de la soledad, pues los dramas de sus novelas se centraban en el aislamiento y abandono de sus personajes, muchos de ellos consumidos por la nostalgia de recuerdos remotos. En El coronel no tiene quien le escriba, contaba Gabo, el tema de la soledad se resumía en “la soledad del coronel con su mujer y su gallo tratando de esperar una pensión que nunca llega”, mientras que La mala hora abordaba “la soledad del alcalde que vino a conquistar al pueblo y se va hundiendo y se siente conquistado por él”.

Fue Cien años de soledad, sin embargo, la que profundizó más en este ciclo de la soledad que alcanzó su resonancia poética más alta en El otoño del patriarca. En Macondo y la familia Buendía, la soledad se expresa como un concepto completamente opuesto a la solidaridad, y toda la catástrofe que sobreviene a la estirpe y al pueblo es el resultado de la imposibilidad del amor y la empatía.

Compartimos contigo nueve frases del escritor colombiano sobre esta obsesión por la soledad y las diversas formas con las que se presenta en la naturaleza humana:

 

1. Lo opuesto a la solidaridad

 

La soledad, para mí, es lo contrario de la solidaridad.

 

El olor de la guayaba, 1982.

 

2. La soledad del escritor

 

La soledad del escritor tiene mucho que ver con la soledad del poder. El intento mismo del escritor de pintar la realidad suele conducirlo con frecuencia a una visión distorsionada de ella. Al tratar de trasponer la realidad puede terminar perdiendo contacto con ella, en una torre de marfil, como suele decirse. Por eso siempre he intentado seguir haciendo periodismo, porque me mantiene en contacto con el mundo real, en particular el periodismo político y la política en general.

 

“Gabriel García Márquez”. The Paris Review, 1981.

 

3. La soledad de la fama

 

Si algo puede conducir rápidamente y gravemente a la soledad, es la fama. Porque, a partir de un momento, uno no sabe ya dónde está parado. Ya no sabe quién es ni qué es lo que piensan de uno. Entonces hay que aprender a defenderse de eso. La única defensa que he encontrado, y que me parece eficaz contra las posibilidades de aislamiento, las posibilidades de soledad que trae la fama, es mantenerme fiel a mis amigos.

 

“Gabo cuenta la novela de su vida”.

El Espectador, 16 y 23 de marzo de 1977.

 

4. La soledad del poder

 

Cuanto más poder se tiene, tanto más difícil es saber quién le está mintiendo y quién no. Cuando alguien alcanza el poder absoluto, ya no tiene contacto con la realidad, y esa es la peor clase de soledad que existe. Una persona muy poderosa, un dictador, está rodeado de intereses y personas cuyo propósito último es aislarlo de la realidad; todo se conjuga para aislarlo.

 

“Gabriel García Márquez”. The Paris Review, 1981.

 

5. La soledad del Caribe

 

Soy uno de los seres más solitarios que conozco, y de los más tristes, aunque resulte increíble. Fundamentalmente solitario y triste. Pero no yo solo, la gente del Caribe es muy así, aunque tienen fama de todo lo contrario, de gregarios, de pachangueros, de parranderos, de fiesteros, pero tú los ves en plena fiesta y están con unos ojos de melancolía… No sé si esa soledad es también la desesperanza.

 

“Encuentro con Gabriel García Márquez”.

Retrato de García Márquez, 1989.

 

6. La soledad de América Latina

 

Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

 

La soledad de América Latina, 1982.

 

7. La soledad de Macondo

 

En Cien años de soledad, y probablemente a lo largo de toda mi obra más o menos oculta o más o menos visible, la soledad se presenta como lo opuesto a la solidaridad, y este es el punto que toma ya casi un cariz político y que por ello encuentro interesante, dado que no se trata, por así decir, de una definición lírica de la soledad, sino que adquiere a mi parecer una carga política, una soledad entendida como lo opuesto de la solidaridad. Bajo este aspecto todo el drama de la frustración de los Buendía, desde el principio hasta el fin, para mí se debe a la falta de solidaridad. Pero sí hay que ampliar el tema, es una falta de solidaridad que no queda circunscrita a la familia Buendía, sino que envuelve a una sociedad más amplia, todo su mundo, llenándolo de la catástrofe.

 

“Gabriel García Márquez”.

Los escritores frente al poder, 1974.

 

8. El trabajo literario: un asunto solitario

 

En el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar. Sí, es el oficio más solitario del mundo. Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo.

 

El olor de la guayaba, 1982.

 

9. La vida con esquemas ajenos: un camino hacia la soledad

 

La interpretación de la vida con esquemas ajenos, en cualquier rincón del mundo, solo puede conducir a un malentendido terrible y hacer a los hombres cada vez más aislados, solitarios y menos libres.

 

“Entrevista. Gabriel García Márquez”.

El Correo de la Unesco, octubre de 1991.

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