Lectura en redes sociales.
Lectura

¿Leer en redes sociales es leer ‘de verdad’?

La más reciente Encuesta Nacional de Lectura muestra que los colombianos son asiduos lectores de redes sociales, y que el teléfono inteligente es su dispositivo favorito para leer. ¿Es una buena o mala noticia?

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José Luis Peñarredonda

Quien haya viajado en transporte público no se sorprenderá por los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Lectura del DANE. Casi todos los pasajeros pasan su trayecto con su celular en la mano; quizás inmersos en una conversación por WhatsApp o sumergidos en el sinfín de su Facebook.

Según la encuesta, cuyos resultados fueron publicados por el DANE el pasado 5 de abril, el 70,4% de los colombianos mayores de cinco años leyeron en soporte digital en el último año, y el 64% lo hicieron a través de redes sociales o servicios de mensajería. En las 32 ciudades capitales del país, la cifra llega al 71,3%.

Además, el teléfono inteligente es el dispositivo más popular: el 90,2% de quienes leyeron en un soporte digital, lo hicieron a través de un smartphone. El 41,2% lo hizo a través de un computador de escritorio, el 33,8%, a través de un portátil, y el 12,2% leyó en una tableta.

Pero, ¿leer en redes sociales es leer ‘de verdad’? ¿Es la popularidad de la lectura en celulares una buena o una mala noticia?

 

¿Una generación de analfabetas?

 

Algunos académicos y escritores creen que las redes sociales, con sus múltiples interrupciones y los cortos períodos de atención que requieren, están condenando a la lectura de libros al olvido.

En su libro Cómo aprendemos a leer, la neurocientífica Maryanne Wolf advierte de que las habilidades necesarias para ser efectivos a la hora de hacer muchas tareas al tiempo podrían estar reemplazando las que necesitamos para concentrarnos sin distracciones y leer de forma contínua.

Aunque la científica no afirma que eso necesariamente esté ocurriendo, sí manifiesta su preocupación porque la humanidad podría perder su capacidad de leer a profundidad. “Frente a una superabundancia de información que requiere cada vez menos de un esfuerzo intelectual, muchos lectores (nuevos y antiguos) no tendrán ni el tiempo ni la motivación para pensar en todos los posibles significados de lo que leen”, escribe Wolf en un artículo.

Esto, sumado a la caída de los niveles de lectura en algunos países desarrollados, hace temer a algunos que pronto tendremos una generación de “niños que no sepan leer, que no quieran leer”. La advertencia viene del novelista inglés Howard Jacobson, según el periódico The Times.

 

“Lee lo que quieras, pero lee”

 

Hay quienes dicen que la cultura digital no va a tener esa clase de consecuencias. Como escribe el académico Gunther Kress en su libro Literacy in the New Media Age (Alfabetismo en la era de los nuevos medios), las generaciones acostumbradas a las interfaces y los entornos digitales tendrán habilidades diferentes, con las que podrán ‘leer’ el mundo y los libros de nuevas maneras.

Por eso, en lugar de intentar imponer el formato del libro impreso, algunos le apuestan a llevar buenas historias y buenos argumentos a las pantallas y los formatos que los más jóvenes están usando.

A eso parece apuntarle la iniciativa ‘Lee lo que quieras, pero lee’, del Ministerio de Cultura. Por medio de una aplicación para dispositivos móviles (iPhone y Android), el Ministerio puso a disposición de niños y adolescentes una colección de textos de autores colombianos para leer en los dispositivos móviles.

El objetivo, según un comunicado de prensa del Ministerio, es “modificar los estereotipos de la lectura que la asocian exclusivamente con una actividad obligatoria o exclusivamente de estudio”, y que la gente se dé cuenta de que lo que hace en sus móviles todo el tiempo también es lectura.

A través de las redes, los jóvenes lectores se comunican entre sí, intercambian ideas y crean nuevas comunidades: Cámara Colombiana del Libro

Con ese espíritu, algunos clásicos de la literatura colombiana, como María de Jorge Isaacs o La Vorágine de José Eustasio Rivera, fueron convertidos en conversaciones de chat que se pueden leer en la aplicación, como si se estuviera espiando la apasionada conversación entre dos amantes, o el chat entre un chico que se escapó con su novia y su mejor amigo.

Además, las redes sociales y la industria editorial han tendido bastantes puentes. No solo porque algunos escritores, como Amalia Andrade o Alberto Salcedo Ramos —entre muchos otros—, han cultivado una nutrida presencia digital que les ha ayudado a construir una audiencia. También, porque los lectores están usando internet para encontrarse, conocerse y hablar de libros.

“A pesar de que el acto propio de la lectura requiere intimidad, a través de las redes, los jóvenes se comunican entre sí, intercambian ideas y crean nuevas comunidades”, escribe la Cámara Colombiana del Libro en un comunicado. Esas comunidades, que a veces se reúnen en espacios como YouTube o Facebook y a veces en redes sociales especializadas en libros, como Goodreads o Wattpad, han sido el origen de nuevas estrellas literarias que venden millones de copias de cada uno de sus libros.

Anna Todd es, quizás, el mejor ejemplo de una escritora nacida en las redes sociales. En 2013, comenzó a publicar After, una novela para adolescentes, a razón de un capítulo diario en Wattpad. Pronto acumuló una audiencia que se cuenta en los miles de millones, y un año después, tenía su propio contrato con una editorial para publicar una trilogía.

Como era de esperar, la novela vendió millones de unidades y ha sido traducida a varios idiomas. Eso son millones de lectores jóvenes, de esos que leen libros mientras están en Snapchat o Instagram. O al menos, millones de nuevos compradores de libros.

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