Los calabazos de luz de Gabo y los calabacitos alumbradores de Calixto

Dos grandes creadores coinciden metafóricamente en una descripción muy Caribe
Por:
Frank Acuña Castellar
En días previos a este 17 de abril cuando ya se empezaban a anunciar y escuchar  homenajes y recordaciones a Gabo para conmemorar el tercer aniversario de su partida,  releía Crónica de una muerte anunciada, y me encontré con un pasaje más que sorprendente, muy revelador, y absolutamente surreal, que en su conjunto se relacionaba con una realidad muy macondiana, visceralmente provinciana y parida de manera natural por la cultura popular caribe. 
 
Por esos días, absorto nuevamente en la mágica narrativa y escritura embrujada garciamarqueana, leía: “[…] y un enorme patio de baile con calabazos de luz comprados en los bazares chinos de Paramaribo […]”. La sorpresa se hizo mayúscula cuando seguidamente en otro párrafo leía: “Los calabazos de luz estaban encendidos en los árboles…”. Mi total asombro me llevó a compartir tal hallazgo con el grupo virtual que administro -SAMPUESANOS CONECTADOS CON FACEBOOK-, buscando tal vez nuevas coincidencias y complementos a mi “descubrimiento” de parte de otros lectores e inquietos Gabólogos y fanáticos del realismo mágico que me ayudaran a comprender o ratificar esa relación que ahora nacía, crecía y se reproducía entre los calabacitos alumbradores de Sampués con Calixto Ochoa y los calabazos de luz en Sucre-Sucre con Gabriel García Márquez.
 
La respuesta llegó de mi buen amigo y paisano  Windel Cruz Martínez, quien me envió desde Cartagena un documento del investigador barranquillero Ariel Castillo Mier, –GABRIEL  GARCÍA MÁRQUEZ Y LA MÚSICA DE ACORDEÓN EN EL CARIBE COLOMBIANO–, que tuvo como propósito examinar la estrecha relación entre la obra periodística y literaria de Gabo con unas de sus fuentes primarias principales –las letras de la música de acordeón. En este interesante documento el autor expresa que uno de los elementos que acercan la música de acordeón a las obras de García Márquez, es la perplejidad ante la modernidad. El ámbito en el que se mueven los personajes de ciertas canciones es como en los comienzos de Macondo una especie de Arcadia bucólica, el paraíso de los pueblos aislados con sus modos de vida que garantizan una felicidad simple y silvestre ajena del progreso.
 
Este mismo fenómeno lo notamos en composiciones de Calixto Ochoa como “El Compae Menejo”, canción en la cual se encuentra el tema de la admiración y fascinación ante la luz eléctrica como elemento de modernidad que también habían experimentado los habitantes de Macondo con el arribo del imán y el hielo. No obstante que las Novelas Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada, aparecieran 7 y 22 años después de compuesta la referida canción del también desaparecido Calixto Ochoa en 1960. Es precisamente este hecho temporal lo que maximiza el contenido macondiano de la obra del citado Juglar, quien se adelantaría con creces con una temática y contenido estilístico que luego sería el caldo de cultivo para inmortalizar a un escritor, otorgarle fama universal y ser merecedor del Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, queda la interesante duda sobre si fue una feliz casualidad que Gabo incorporara la interesante metáfora a su novela; o que causalmente ratificara en ella la influencia de la música de acordeón con su estilo y contenidos; incluso, es probable que García Márquez fuera un absoluto y silencioso fanático de Calixto Ochoa y los Corraleros de Majagual, habiendo escuchado y gozado en demasía la canción “El Compae Menejo”.
 
Ante este nuevo descubrimiento empecé a dimensionar en mayor medida el diamante en bruto que los sampuesanos tenemos en materia de turismo cultural y riqueza patrimonial con el tema de los calabacitos alumbradores como alegoría a la bombilla eléctrica y la modernidad, así como la renovada relevancia sociocultural al interior del imaginario colectivo con el personaje Compae Menejo y sus múltiples y diversos elementos identitarios asociados a la Sabana y a la Sampuesanidad.
 
En tal sentido, el universo del Compae Menejo se expande ahora con mayor contundencia fuera de las fronteras de Sampués y las sabanas del antiguo Bolívar Grande, hasta llegar al otrora viejo Departamento del Magdalena, y especialmente a Aracataca como escenario primario e inspirador de Gabo, que luego se consolidó en su máximo esplendor en La Mojana sucreña con personajes como la Marquesita de la Sierpe o la Mamá Grande, encontrando y ratificando esas grandes similitudes en el origen y dinámica del realismo mágico que nos arropa a todos los habitantes del Caribe colombiano como una gran nube de saberes populares y ocurrencias pueblerinas, exteriorizadas por creadores literarios y musicales que nos hacen reflexionar sobre las singularidades de inspiración, raciocinio y pensar al nivel del mar.
 
De este modo, las fronteras se extienden más allá del Caribe y el Continente Americano, llegando al Viejo Mundo y aspirando a una total universalidad en donde Sampués y sus calabacitos alumbradores iluminen aún más la magia narrativa heredada por García Márquez al resto de la humanidad.
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