El último concierto del doctor Juvenal Urbino
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El último concierto del doctor Juvenal Urbino

Tres cuartetos para cuerda que escuchó el doctor Juvenal Urbino, personaje de El amor en los tiempos del cólera, poco antes de morir.

Redacción Centro Gabo

“Un bolero de quinientas páginas”. Así definió Gabriel García Márquez a su próxima novela en una entrevista concedida a Caracol Radio en octubre de 1982. La novela, que en ese entonces era apenas una idea sobre amores contrariados, se concluiría un par de años después y sería publicada el 5 de diciembre de 1985 con el título de El amor en los tiempos del cólera. En ella el escritor colombiano relató el triángulo amoroso entre Fermina Daza, Florentino Ariza y Juvenal Urbino, empleando un lenguaje en el que abundaba la retórica de las telenovelas, el melodrama y la poética del bolero.

Fue un libro escrito con los mismos recursos de la música para el despecho y el amor. Sus personajes, por lo tanto, reflejan pasiones melómanas. Florentino Ariza, por ejemplo, interpretaba valses románticos para Fermina Daza con un violín que había aprendido a tocar de oídas y su tío León XIII tenía la predilección de cantar óperas y serenatas napolitanas en los entierros.

El doctor Juvenal Urbino, acaso el hombre más distinguido del libro, tampoco escapó a esta pasión. Tenía en su casa un piano de cola –que ya no tocaba en sus últimos años– y un gusto musical sofisticado que adquirió durante sus estudios de Medicina en París. Fue él quien lideró una iniciativa para restaurar el Teatro de la Comedia y estableció programas de óperas que dio origen a una nueva generación de Isoldas y Otelos, Aidas y Sigfridos.

El día en que murió, el doctor Juvenal Urbino asistió a un almuerzo de gala en honor a las bodas de plata profesionales de su discípulo, el doctor Lácides Olivella. Allí, a través de un cuarteto de cuerda de la Escuela de Bellas Artes, escuchó su último concierto, todo como si Gabo hubiese querido despedir a su personaje con la música que tanto le había apasionado.

En el Centro Gabo compartimos contigo las tres composiciones que escuchó el esposo de Fermina Daza y rival de Florentino Ariza antes de morir. Desde Mozart hasta Gabriel Fauré:

 

Cuarteto de cuerda nº 17 en si bemol, K.458 (Wolfgang Amadeus Mozart)

 

El grupo de la escuela de Bellas Artes inició el concierto, en medio de un silencio formal que alcanzó para los compases iniciales de La Chasse de Mozart. A pesar de las voces cada vez más altas y confusas, y del estorbo de los criados negros de Don Sancho que apenas si cabían por entre las mesas con las fuentes humeantes, el doctor Urbino logró mantener un canal abierto para la música hasta el final del programa. Su poder de concentración disminuía año tras año, hasta el punto de que debía anotar en un papel cada jugada de ajedrez para saber por dónde iba. Sin embargo, todavía le era posible ocuparse de una conversación seria sin perder el hilo de un concierto, aunque sin llegar a los extremos magistrales de un director de orquesta alemán, grande amigo suyo en sus tiempos de Austria, que leía la partitura de Don Giovanni mientras escuchaba Tannhaüser”.

 

Cuarteto para cuerda nº 14 en re menor, D.810 (Franz Schubert)

 

La segunda pieza del programa, que fue La Muerte y la Doncella, de Schubert, le pareció ejecutada con un dramatismo fácil. Mientras la escuchaba a duras penas, a través del ruido nuevo de los cubiertos en los platos, mantenía la vista fija en un muchacho de rostro sonrosado que lo saludó con una inclinación de cabeza. Lo había visto en alguna parte, sin duda, pero no recordaba dónde. Le ocurría con frecuencia, sobre todo con los nombres de las personas, aun de las más conocidas, o con una melodía de otros tiempos, y esto le provocaba una angustia tan espantosa, que una noche hubiera preferido morir que soportarla hasta el amanecer. Estaba a punto de llegar a ese estado cuando un fogonazo caritativo le alumbró la memoria: el muchacho había sido alumno suyo el año anterior”.

 

Cuarteto para cuerda (Gabriel Fauré)

 

…se abandonó al lirismo diáfano y fluido de la última pieza del programa, que no pudo identificar. Más tarde, el joven chelista del conjunto, que acababa de regresar de Francia, le dijo que era el cuarteto para cuerdas de Gabriel Fauré, a quien el doctor Urbino no había oído nombrar siquiera a pesar de que siempre estuvo muy alerta a las novedades de Europa”.

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