Yo sabía cantar boleros

Nunca supe la razón por la que me enviaron a ese curso en Madrid. Cuando le comenté eso a Gabo, me respondió con una anécdota
Por:
Ciro Pérez Silva
Una mañana, al inicio de la serie de encuentros que tuvimos con Gabriel García Márquez en la Cristalera –instalaciones de la Universidad Autónoma de Madrid– le comenté que no sabía por qué me habían mandado a mí a ese curso. No había cumplido un año en el diario La Jornada y me resultaba extraño que el director en ese entonces, Carlos Payán, me hubiese elegido para asistir, en especial tratándose del primer curso que ofrecía fuera de Colombia y que por supuesto era deseado por más de un compañero en el diario.
 
García Márquez me respondió con una anécdota que va más o menos así:
 
“Cuando terminé el último grado que se impartía en mi pueblo no me quedaba más que seguir estudiando en la capital, así que un buen día me subieron al tren para que, como otros jóvenes de otros pueblos, pudiera continuar mis estudios. El viaje era entonces largo. Yo iba sentado sobre el baúl en el que guardaba mi ropa y las pocas cosas que llevaba y junto con unos amigos pasábamos esas largas horas cantando boleros. La gente nos escuchaba y de vez en cuando también cantaba con nosotros. De pronto un señor me llama y me pregunta si podíamos cantar un bolero, uno que a él le gustaba especialmente. Lo cantamos, ese y otros hasta que llegamos por la noche a la ciudad.
 
Cuando amaneció me desperté y me alisté para salir a la calle para buscar el sitio en el que debía hacer los trámites para matricularme. Me llevé una sorpresa pues, aunque era muy temprano, ya había una larga fila para que uno se inscribiera en el instituto. Di unos pasos hacia esa multitud que cada vez me parecía más y más grande y a punto de dar media vuelta para el hotel, recoger mis cosas y volverme al pueblo, el señor que iba en el tren y nos pidió cantar un bolero me vio.
 
– ¿Qué hace usted acá? – Me preguntó.
 
– Vine a inscribirme, pero hay mucha gente y yo mejor me vuelvo a mi pueblo.
 
–Venga –dijo.
 
Yo lo seguí. Resulta que era el Ministro de Educación. Me inscribió sin que yo tuviera que hacer fila y así entré al instituto”.
 
– Así que todos sabemos hacer algo –me dijo García Márquez luego de contarme esa historia–. Usted debe de saber hacer algo para estar acá. Para que Carlos Payán, el director de La Jornada, lo haya mandado. Yo sabía cantar boleros.
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