Portadas Novelas de Gabo
Lectura

Los comienzos de las novelas de Gabo en 10 sensaciones

Las imágenes literarias con las que el escritor colombiano empezó sus novelas.

Redacción Centro Gabo

En diciembre de 1985, en una entrevista que concedió a la revista argentina El Periodista de Buenos Aires, Gabriel García Márquez confesó que, contrario a un gran número de escritores, él no empezaba sus libros a partir de una idea sino a partir de sentimientos e imágenes. “Parto siempre de una imagen, de un sentimiento, y todo el libro desarrolla esa tesis”, afirmó.

Esta forma de concebir la génesis de la narración literaria es una constante en cada una de las historias de ficción del nobel colombiano. Compartimos contigo las imágenes y sensaciones con las que Gabo dio inicio a sus novelas:

 

1. La hojarasca (1955): la visión de un muerto

Por primera vez he visto un cadáver. Es miércoles, pero siento como si fuera domingo porque no he ido a la escuela y me han puesto este vestido de pana verde que me aprieta en alguna parte.

 

2. El coronel no tiene quien le escriba (1958): raspando el café

El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.

 

3. La mala hora (1966): Un cura que despierta el día de San Francisco de Asís

El padre Ángel se incorporó con un esfuerzo solemne. Se frotó los párpados con los huesos de las manos, apartó el mosquitero de punto y permaneció sentado en la estera pelada, pensativo un instante, el tiempo indispensable para darse cuenta de que estaba vivo, y para recordar la fecha y su correspondencia en el santoral. «Martes cuatro de octubre», pensó; y dijo en voz baja: «San Francisco de Asís».

 

4. Cien años de soledad (1967): conociendo el hielo

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

 

5. El otoño del patriarca (1975): gallinazos que buscan a un muerto

Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza.

 

6. Crónica de una muerte anunciada (1981): Un sueño con pájaros defecando

El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros.

 

7. El amor en los tiempos del cólera (1985): El olor de las almendras amargas

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

 

8. El general en su laberinto (1985): La visión de un Bolívar ahogado

José Palacios, su servidor más antiguo, lo encontró flotando en las aguas depurativas de la bañera, desnudo y con los ojos abiertos, y creyó que se había ahogado. Sabía que ése era uno de sus muchos modos de meditar, pero el estado de éxtasis en que yacía a la deriva parecía de alguien que ya no es de este mundo.

 

9. Del amor y otros demonios (1994): Un perro rabioso en el mercado

Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre, revolcó mesas de fritangas, desbarató tenderetes de indios y toldos de lotería, y de paso mordió a cuatro personas que se le atravesaron en el camino.

 

10. Memorias de mis putas tristes (2004): El deseo de un nonagenario

El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen.

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